“Me sorprende que nuestro planeta todavía sea tan habitable”

Joris van Alphen

Fotoperiodista

 

Joris van Alphen viajó a África por primera vez con solo tres años, la foto de un niño rubio jugando con una serpiente lo corrobora. Sus padres son biólogos y los viajes exóticos formaron parte de su infancia, un estilo de vida que lo cautivaría y acabaría incidiendo en su futuro.

Nacido en los Países Bajos y actualmente con base de operaciones en Barcelona, Joris tiene una vida bastante nómada y una profesión de aquellas que no dejan indiferente. Es tentador querer saber más sobre sus viajes, sus historias que conectan naturaleza y personas, y cómo, a sus 29 años, se gana la vida con el fotoperiodismo. Hoy le tocará dejar de lado las historias de los demás para contarnos la suya.

Tomamos un café (o dos) con él, para conocer su trayectoria como profesional premiado por National Geographic, una carrera de éxito que no se alcanza de un día para otro.

¿Siempre habías querido ser fotoperiodista?

No exactamente. Mis padres son biólogos y crecí con muchas experiencias en la naturaleza. Iba a la escuela en Holanda pero pasábamos largas temporadas fuera de casa, viajando. Además, en casa solíamos tener visitas de científicos y profesionales de todo el mundo, que venían a impartir conferencias en la universidad en la que mi padre trabajaba como profesor del departamento de ecología. Crecí en este entorno y decidí que también quería tener un trabajo que me permitiera viajar.

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FOTO: Joris, de niño.

A los catorce años pedí una cámara para mi cumpleaños y me aficioné a la fotografía. Me divertía capturar momentos de mis amigos de fiesta y me gustaba fotografiar a personas, pero unos años más tarde, cuando llegó la hora de elegir una carrera, me decanté por la biología. En aquel momento también era presidente de un club de submarinismo en Holanda, donde pasaba gran parte de mi tiempo libre, por lo que me quedaba poco rato para la fotografía. Así que se me ocurrió capturar imágenes debajo del agua para aprovechar el tiempo entre inmersiones.

¿Cómo empezaste en el mundo de la fotografía profesional?

Todo empezó por un proyecto de la carrera. Tenía que ir a Indonesia a una expedición y decidí invertir en una cámara submarina. Compré un buen equipo y así empecé a capturar imágenes de la naturaleza.

Las oportunidades se presentaron poco a poco. Un compañero me informó de una beca en los Estados unidos y envié algunas fotos. La cosa fue muy bien, viajé a América y allí conocí a algunos editores. Fue muy motivador entrar en contacto con un grupo de gente que compartía las mismas pasiones que yo, no solo por la naturaleza, sino también por la comunicación. Entonces me di cuenta de que si había personas que estaban viviendo de este trabajo, yo también podría hacerlo. Éste fue el punto de partida.

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FOTO: JORIS VAN ALPHEN

Empecé a trabajar sin acabar los estudios y mi primera historia publicada fue para la edición holandesa de la revista National Geographic. Más adelante, formé parte del equipo de un documental que se emitió en los cines de Holanda en 2013, donde filmamos una reserva natural y algunas secuencias submarinas. Empezaba a recibir encargos a los que no podía decir que no y me di cuenta de que no acabaría los estudios porque ya trabajaba de lo que me gustaba. Si las cosas se mueven tienes que aprovechar el momento.

“Me di cuenta de que si había personas que vivían de esa profesión, yo también podía hacer-lo. Éste fue el punto de partida.

¿Qué tipo de historias te interesa explicar?

Mi enfoque está donde se encuentran las personas y la naturaleza, en la conexión entre ambas partes. A veces trato problemáticas como la conservación ambiental, pero no soy fotógrafo de naturaleza salvaje, en absoluto. La naturaleza forma parte de los temas que explico, pero el relato se centra más en las personas. De hecho, uno de mis últimos reportajes en Tanzania ilustra únicamente las creencias y el estilo de vida de los habitantes de una zona.

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FOTO: JORIS VAN ALPHEN

Pero también tienes cierta predilección por los temas medioambientales…

Es imposible ignorar la cuestión medioambiental. En este planeta ya no queda naturaleza que no se haya visto afectada por la raza humana. Cuando viajas en avión y miras por la ventana, todo lo que ves durante horas son campos de agricultura, ciudades y carreteras y, aunque sobrevueles naturaleza, observas cómo los bosques están fragmentados. En sitios como el Amazonas, donde aún puedes ver grandes extensiones de selva, también hay carreteras que se adentran hacia el bosque y, cuando esto sucede, la fauna de los alrededores empieza a desaparecer rápidamente debido a la caza (a menudo ilegal), al tráfico de especies exóticas o incluso a rituales supersticiosos. La influencia humana está en todas partes y, en consecuencia, los efectos del cambio climático también. Incluso en sitios que no han sido pisados por el ser humano.

Danos algún ejemplo.

En la cresta de una montaña de Tanzania vi restos de musgo muerto colgando de los árboles por todas partes, en una zona que solía estar rodeada por una selva nublosa. Lo que pasó es que, al cortar los árboles de los alrededores de las montañas, la humedad disminuyó drásticamente, y las nubes, que antes eran permanentes, desaparecieron, igual que las especies que vivían allí. Me fascina cómo de resistente es el planeta, si tenemos en cuenta el nivel al que se está explotando, y me sorprende que todavía sea un mundo tan habitable.

“Me fascina cómo de resistente es el planeta, si tenemos en cuenta el nivel al que se está explotando, y me sorprende que todavía sea un mundo tan habitable.

¿Hay algún sitio que te haya impactado especialmente?

Todos son interesantes por algún motivo. Tengo la suerte de viajar a zonas espectaculares, pero también visito sitios por situaciones muy negativas. No tienen paisajes espectaculares, más bien sequía o pobreza, y son interesantes por otras razones.

De modo que el contexto es clave…

El contexto es precisamente la historia. Como fotoperiodista, no puedes pasarte ocho horas conduciendo entre plantaciones de aceite de palma para llegar a un pequeño reducto de selva tropical, que quizás son literalmente 100 metros cuadrados, hacer la foto a un orangután y solo mostrar el animal, sin tener en cuenta lo que pasa a su alrededor.

Joris se expresa de manera pausada y se piensa bien las respuestas. Entre café y café, nos explica con sinceridad y prudencia su mundo, un camino en solitario que le ha llevado a vivir experiencias inusuales. Pasado el ecuador de la entrevista, dejamos de lado su obra y hablamos del estado de su profesión: el fotoperiodismo.

“La revista National Geographic es básicamente el último medio que realmente invierte en historias de naturaleza y personas.

¿Cómo valoras la situación actual de tu profesión?

Las circunstancias no son nada fáciles para los fotoperiodistas. La revista National Geographic es básicamente el último medio que realmente invierte en historias humanas y de naturaleza. Los trabajos de fotógrafo en plantilla ya casi no existen y la mayoría somos freelance, pero aún creo que puedes idear proyectos que nadie más está haciendo y asegurarte de que la gente disfruta trabajando contigo. Empecé mi negocio en plena crisis económica, por lo que no he conocido los tiempos en que había buen financiamiento para este trabajo. Lo que sí que veo es que muchos profesionales se están pasando al rodaje de vídeo porque se invierten más recursos en este campo que en la fotografía.

¿Qué le dirías a alguien que aspire a ser fotoperiodista?

“No dejes que nadie te diga que no lo puedes hacer, pero, al mismo tiempo, sé paciente y no esperes tener un gran encargo de inmediato”. Para ser fotógrafo profesional no basta con tener un par de miles de seguidores en Instagram, de hecho, ni siquiera es necesario, sino que se requiere tiempo y esfuerzo. Un consejo que daría es asistir a festivales internacionales de fotografía para entender cómo se está definiendo el negocio, cómo trabajan los profesionales, qué tipo de temas tratan y qué les inspira.

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FOTO: JORIS VAN ALPHEN

Por lo tanto, es necesario trabajar mucho el networking

No me gusta esta palabra, no suena muy humana. Para mi es importante conocer gente, conectar con las personas y, con el tiempo, quizás esta conexión te lleve a alguna cosa más. Pero pueden pasar incluso años hasta que construyas un vínculo con alguien y que de allí salga un proyecto. Si intentas conocer gente solo para obtener algo, es poco probable que tengas buenas respuestas. A menudo la palabra networking me sugiere este tipo de situaciones. Deberías ir a un festival para inspirarte –también en beneficio de tu negocio, claro—, pero sobre todo para conocer gente con tus intereses que disfrutan haciendo lo mismo que tú.

Y para acabar, ¿cuál es la vertiente más negativa de este trabajo?

Estar mucho tiempo fuera de casa es duro. También lo hace difícil para las relaciones personales. Cuando viajas entre seis y ochos meses al año, ayuda mucho que, si tienes pareja, las dos personas tengan profesiones similares, al menos para poder entender este estilo de vida. A veces trabajamos en sitios remotos durante jornadas de catorce o dieciséis horas y es un reto mantener relaciones en estas condiciones.

Sobre Joris van Alphen

Joris van Alphen es fotoperiodista especializado en interacciones entre personas y naturaleza. En 2012 ganó el primer Emerging Nature Photographer Award de National Geographic y ha sido reconcido en concursos como el Big Picture y el Wildlife Photographer of the Year.

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Gran parte de su tiempo lo dedica a hacer reportajes y conferencias sobre historias humanas alrededor del mundo con la fotografía y el vídeo como principales herramientas de comunicación. Podéis seguir su actividad en www.jorisvanalphen.com.

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selva@ficusmag.com

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