El reto: un año sin comprar ropa nueva

El reto

Un año sin comprar ropa nueva

El reto de estar un año sin comprar ropa nueva surgió un día cualquiera de verano en un pueblecito del Empordà. A menudo los propósitos aparecen así, casi de la nada, una mañana en la que lo más especial era un mercadillo en la plaza del ayuntamiento. Las pocas personas autóctonas del lugar y los veraneantes más veteranos se habían levantado pronto para vender pasteles, fruta, cuadros, bisutería y ropa de segunda mano. Como siempre me han gustado los mercadillos, deambulé por el mercado con la esperanza de encontrar alguna ganga. No me costó demasiado.

En una esquina, en la sombra, vi a una chica que no tendría más de veinte años. No era la primera vez que la veía por el pueblo y la intuición me decía que podía tener ropa de mi estilo y, con un poco de suerte, la misma talla que yo. Cinco minutos más tarde ya estaba probándome unos pantalones detrás de un árbol de la plaza (un gesto absurdo porque se me veía por todas partes) y una camiseta que debía ser de su madre. Las dos piezas estaban en muy buen estado y me quedaban bien. Con una sonrisa culpable le di el único efectivo que tenía: un billete de cincuenta euros. Me devolvió el cambio disimulando la rabia que da quedarse sin monedas –yo también he sido feriante— y aquella misma noche salí a cenar vestida con mis nuevas adquisiciones. La ilusión era exactamente la misma que cuando estrenaba una pieza nueva. No, mentira. Era mejor. Mejor porque no iba acompañada de un cargo de conciencia. Según la ONU, la industria téxtil es la segunda más contaminante del planeta (solo por detrás de la petrolera). Se dice pronto.

Vestido de segunda mano comprado a través de una app.

No renunciar a la moda

Siempre me ha gustado expresarme a través de la ropa, buscar nuevas formas de combinar las piezas y accesorios, perder el tiempo en Pinterest. Pero también entrar en Zara, Mango, H&M o cualquier otra tienda de moda rápida para compensar un mal día o adquirir una dosis de felicidad instantánea. Hace años que soy consciente del impacto medioambiental de la industria de la moda y siempre que iba de compras me encontraba con la misma contradicción: la ropa me producía un bienestar inmediato y efímero como el primer trago de cerveza. La sensación duraba poco porque días después me dejaba un gusto agredulce. Con mi consumo yo también contribuía a la contaminación del planeta, a los miles de empleados en condiciones laborales abusivas (sino cómo se explica el low cost?) y al círculo vicioso de las tendencias, las temporadas y la inmediatez. Hasta entonces había comprado ropa de segunda mano por moda, por la gracia de tener algo vintage, pero no me lo planteaba como un acto de reivindicación o, sencillamente, como una manera de alinear lo que consumo con mis valores. A menudo, como consumidores, nos olvidamos del poder transformador de nuestras acciones.

Tras esta revelación –que básicamente reafirmó lo que ya me había planteado otras veces— me hice una promesa: durante todo un año no compraré nada nuevo con excepción de las siguientes piezas y si realmente me hacen falta.

  • Ropa interior
  • Calzado
  • Ropa deportiva técnica

Bueno, en realidad hay otra excepción : de vez en cuando podré adquirir alguna pieza de marcas de ropa ética. ¿El objectivo? Acercarme de una vez por todas al armario soñado: minimalista con piezas de calidad elaboradas con tejidos duraderos, tacto agradable y transparencia en todos los procesos (medioambiente y equipo humano). ¡Y sin perder el estilo! La cosa se complica.

Se dice que se necesitan mínimo veintiún días para consolidar un hábito. En mi caso se trata de un reto o un propósito que, con el tiempo, aspiro a convertir en un hábito. Paso a paso. Este compromiso conmigo misma lo definí a mediados de agosto, hará poco más de un mes.

“Había comprado ropa de segunda mano por moda, por la gracia de tener piezas vintage, pero no me lo planteaba como un acto de reivindicación o como una manera de alinear el consumo con mis valores.

¿Por dónde empiezo?

El primer paso fue hacer una buena limpieza de armario y donar a Roba Amiga todo lo que estaba en buen estado /la gran mayoría) y que ya no me ponía casi nunca. Fue una selección sin muchos miramientos ni nostalgia, ya que las revisiones de armario son habituales en mi casa y esta acción no hizo más que recordarme que tenía demasiada ropa. Incluso descubrí algunas piezas que ni me acordaba que tenía. Un clásico. A partir de aquel momento y coincidiendo con la vuelta a la rutina hice alguna adquisición en Humana y a través de aplicaciones como Wallapop, que em permeten buscar només la peça concreta que necessito (o que bàsicament em fa il·lusió).

“El compromiso de reducir mi armario a piezas bien seleccionadas y de calidad me motiva a cuidarlas más. A mirarlas con otros ojos.”

Primeros treinta días fuera del círculo de la moda rápida

Todavía es pronto para evaluar los resultados y, de hecho, mi intención es dedicar unos cuantos artículos a esta experiencia, pero ya puedo avanzar que está siendo más fácil de lo que pensaba (a pesar de que SÍ, a veces tengo tentaciones). Estas son algunas de las reflexiones de los primeros treinta días fuera del círculo de la moda rápida:

Tener este reto me hace ser más consciente de lo que tengo y necesito, pensármelo dos veces antes de comprar.

Si noto que los pies me conducen hacia una cadena de ropa me repito los motivos por los que me he comprometido con mi propósito (menos consumismo, reducción de la huella ecológica, reeducación de hábitos de consumo…) y de seguida puedo reconducirlos hacia otra dirección. Mejor destinar este tiempo y dinero a experiencias, alimentos de calidad o una buena pieza de ropa ética.

Comprar de segunda mano estimula la creatividad.

Cuando necesito airearme con una dosis de moda (entendida como un arte o distracción) doy una vuelta por alguna tienda de segunda mano, por ejemplo Humana, que destina fondos proyectos solidarios. A menudo encuentro piezas más originales e intemporales que combinan perfectamente con mi ropa, a pesar de no ser de última temporada.

Cuido más mi armario.

Lo primero que hago después de adquirir cualquier pieza de ropa de segunda mano es, obviamente, lavarla. No tanto porque esté sucia, sino para que tenga el olor de mi casa. Por primera vez me fijo en las etiquetas de la ropa, utilizo los programas delicados de la lavadora (ante la duda lavo en frío) y, si hace buen tiempo, tiendo la ropa al sol para que se arrugue menos y adquiera un perfume más fresco. Después me la pongo varias veces antes de volverla a lavar. Este ritual me hace apreciar más la ropa que tengo. El compromiso de reducir mi armario a piezas bien seleccionadas y de calidad me motiva a cuidarlas más. A mirarlas con otros ojos.

Conocer la persona que hay detrás. 

Tras establecer el reto, mi primera compra a través de Wallapop fue un vestido que se ha convertido en uno de mis favoritos. ¡Incluso me lo puse para una boda! Contacté con una chica sueca que se vendía varías piezas de ropa por una mudanza y me estuve probando algunos vestidos en su apartamento. Cada vez que salía de la habitación con un nuevo conjunto comentábamos la jugada como si nos conociéramos desde hace tiempo. Fue divertido.

*PS. En este caso la chica me inspiró confianza pero sino suelo quedar en la calle.

Esta forma de comprar requiere más tiempo que hacerlo en unos grandes almacenes, seguro. Y que comprar por internet. Pero el hecho de quedar con alguien, intercambiar unas palabras y

questa manera de comprar requereix més temps que fer-ho en uns grans magatzems, segur. I que comprar per internet. Però el fet de quedar amb algú, intercanviar unes paraules i conocer la historia detrás de aquella pieza de ropa le da un valor especial.

De momento no he tenido la necesidad de comprar ninguna pieza de ropa (aunque sea de moda ética), pero tengo pendiente un post sobre tiendas de moda sostenible en Barcelona, a medida que las vaya descubriendo. En este artículo hago una introducción sobre mi reto de estar un año sin comprar ropa nueva (con las excepciones especificadas), pero en esta línea hay muchos más. Un buen ejemplo es el el reto 333 relacionado con el armario cápsula, del cual hablamos hace un tiempo. Os recomiendo la lectura.

¿Te has planteado reducir tu huella ecológica consumiendo ropa de forma más consciente?

Te invito a compartir tu experiencia.

No comments

LEAVE A COMMENT