5 hábitos para reducir la ansiedad (mindfulness)

5 hábitos para reducir la ansiedad

(mindfulness)

Cuando me descubro viviendo el presente me sorprendo. Es absurdo, pero todavía me pasa. Y eso que tengo comprovado que centrarme en una sola tarea me hace más productiva. Pero si el presente es lo único que tengo y a menudo no soy consciente, ¿significa que vivo en una ilusión? ¿Un futuro hipotético? ¿Matrix??? El tema es que ir siempre de culo, liadísimos se ha convertido en algo normal. Sin ánimo de exculparnos de responsabilidades creo que el capitalismo actual tiene mucho que ver con esto. Como una máquina quitanieves nos arrastra, nos hace ir más rápido, más lejos, más, más…

A los 22 años descubrí que tengo un don extraordinario: viajo al futuro en milésimas de segundo sin mover ni un dedo. Eso sí, a una velocidad espantosa, vuelvo sudada del aterrizaje. La primera vez que fui consciente de mi talento sentí como si una criatura creciera dentro de mi. Era… ¿cómo lo diría? Como una bolita abrazada a sí misma que se movía libremente por mi cuerpo y se retorcía a la mínima señal de alerta.

Un cambio de planes, una situación incómoda o un mínimo de presión real o infundada era suficiente para que me llevara de viaje a sus mundos imaginarios. Eran pensamientos disfrazados de futuro, de realidad inminente. En aquella dimensión paralela sucedían los peores escenarios. Como una pasada esquizofrénica de las antiguas diapositivas. Un spoiler de lo que vendrá a continuación, mañana o dentro de una semana cuando entre en aquella reunión, cuando vaya a aquella cena o cuando tenga que hablar en público. Por suerte, al final, la realidad no tiene demasiado que ver con mi película. Pero, claro, a buenas horas mangas verdes.

El viaje no era agradable, a pesar de que no siempre tenía la misma intensidad. A veces conseguía alejar al monstruo, darle una patada. Otras, ganaba ella. Y cuando aquella bolita de apariencia inocente se apoderaba de mis pensamientos solo podía bucear por situaciones catastróficas que requerían un esfuerzo exagerado para escapar de ellas, pasar mucha vergüenza, hacer el ridículo o sentir dolor. Incluso morir en una casualidad absurda, rodeada de mucha gente. En resumen: una tragedia griega altamente improbable. Era agotador. Todavía lo es, a veces.

No hay un antídoto inmediato contra la ansiedad, al menos yo no lo he encontrado. En mi caso, después de años de convivencia y de documentarme mucho, he aprendido a calmarla, a verla como una aliada que enciende la luz roja cuando dejo de cuidarme o de vivir el momento. Así que, para que no se enfade demasiado, intento mantenerla a raya incorporando día a día una serie de hábitos que me ayudan a conectar con el presente (ahora lo llaman mindfulness). Hoy os dejo cinco, pero evidentemente hay muchos más.

“En aquella dimensión paralela sucedían los peores escenarios. Como una pasada esquizofrénica de las antiguas diapositivas.

1. Riega las plantas

Lo sé. Parece obvio pero ¿cuántas plantas naturales tienes en casa? Yo te propongo tener como mínimo una. Y regarla. Regarla cuando sea necesario, observar cómo crece y correr aquella cortina cada mañana para que entre suficiente luz. ¿No tienes ni idea de cómo cuidar la planta? Pregunta en la floristería y sino: Google is your friend. Incluso existen apps como PlantSnap que te ayudan a identificar plantas con solo una foto y aportan información.

Dedicar unos minutos a observar y cuidar las plantas es una acción agradecida y sencilla que nos conecta directamente con nuestra esencia. Ayuda a cultivar la paciencia y a ser consciente de la perfección efímera de la naturaleza. Y, si tienes un poco de espacio en el jardín o terraza, puedes cultivar alguna hortaliza o hierbas aromáticas. Te aseguro que ningún tomate tendrá más sabor que aquel que has hecho crecer tu misma con paciencia y dedicación.

2. Coge perspectiva

La angustia no es amiga del asfalto, ni de la moto trucada de tu vecino. Seguro que cerca de donde vives hay algún mirador, colina o desnivel que te permita coger perspectiva. Y si para hacerlo debes ponerte unas deportivas y sudar un poco, los pensamientos todavía se verán más nítidos. Da pereza, sí, pero compensa mucho. La ansiedad y el run run constante del cerebro se ahogan con la alzada.

“Dedicar unos minutos a observar y cuidar las plantas es una acción agradecida y sencilla que nos conecta directamente con nuestra esencia.”

3. Mínimo veinte minutos al día para ti

Un día te das cuenta de que tienes las uñas demasiado largas, el pelo reseco y un granito incómodo en la barbilla. ¿Cuánto tiempo hace que no te dedicas un poco de tiempo? Reservar cinco minutos al día para cuidar tu cuerpo y espíritu no evitará el acné pre-menstrual pero te hará sentir mejor. A mi personalmente me gusta tener esta cita conmigo misma al anochecer y sobretodo cuando vuelvo de hacer deporte. Puedes poner un poco de música relajante, aplicarte aquella mascarilla que todavía no has abierto o simplemente cerrar los ojos bajo la ducha y sentir como el agua se filtra por cada rincón de tu cuerpo.

Un consejo: aunque cueste, finaliza la ducha con agua fría. Si consigues apaciguar la respiración acelerada sentirás una calma profunda. El efecto post-ducha fría es todavía mejor: piernas ligeras, piel suave, serenidad…

4. Cocina con plena consciencia

Decide qué cocinarás para cenar y haz cada paso con plena consciencia. Pon música de fondo, si te gusta, y cocina para ti (o para los tuyos) con tanta intención como si quisieras sorprender a alguien. No es necesario preparar recetas elaboradas. Simplemente cocínalo con mucho amor y preséntalo bien. Para acabar de conectar con el presente cómetelo despacio, sin encender el televisor, ordenador, móvil… Si además tienes a alguien de confianza con quien compartir la comida, el momento es inmejorable.

También puedes optar por sustituir (o alternar) las citas con amigos en restaurantes por cenas en casa. Desde que he incorporado este hábito, no solo ahorro, sino que las cenas tienen un ritmo más relajado, sin la presión que te cierren el restaurante, por ejemplo.

5. Bonus track: medita

Soy poco original pero, si todavía no lo has hecho, te animo a probarlo. Y pruébalo más de una vez porque el primer día no te relajarás. Es normal que estés incomoda, que te sientas ridícula o que todavía tengas más pensamientos por segundo. La mente se entrena y no verás resultados de un día para otro. Hay que insistir y en poco tiempo notarás los beneficios de la meditación. Puedes empezar con diez minutos al día. Ponte una alarma y siéntate en silencio en una postura cómoda que te permita respirar de manera natural y profunda. Si no estás a gusto en el suelo con las piernas entrecruzadas, siéntate en una silla con la espalda recta.

Cuando consigo meditar de forma más o menos regular, pronto noto que me aporta perspectiva, calma, confianza… Ayuda a restarle importancia a los problemas. El reto está en adquirir el hábito, imponérselo como hacemos con el gimnasio o las tareas del hogar hasta que al final se convierte en una rutina agradable y natural. En Youtube hay muchos vídeos para iniciarse, desde meditación guiada, hasta playlists relajantes. Seguro que encuentras inspiración.

Es evidente que cuando la ansiedad se va de las manos tenemos que buscar ayuda profesional, ya que puede llegar a ser muy limitante. Eso no impide que uno mismo pueda responsabilizarse de su salud y contribuir a sentirse mejor llevando a cabo pequeñas acciones en el día a día.  Simplificarse la vida reduce el estrés y nos acerca al deseo más abstracto: la felicidad.

¿Tienes alguna técnica más para reducir la ansiedad y vivir de forma más consciente? 

Te animo a compartirla.

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selva@ficusmag.com

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